
MIENTRAS HACÍAN EL AMOR
A ella le gustaba que él le hablara mientras hacían el amor, que le susurrara palabras arrebatadoras mientras le lamía los lóbulos de las orejas, que le dijera con palabras sofocadas en el momento de correrse que la quería "más que a nadie en el mundo". Al principio fue así, pero poco a poco sus palabras empezaron a distanciarse en el tiempo, parecía como si se estuviera convirtiendo en un hacedor de silencios. Últimamente sólo era ella la que decía cosas.
Una noche haciendo el amor salió de su boca una palabra prohibida, el nombre de una mujer, y ella se sintió herida porque pensó en todos los silencios que acompañaban sus encuentros sexuales desde hacía tiempo.
Con el paso de los días, el volvió a hablar mientras hacían el amor para demostrarle que no pensaba en nadie y que aquel nombre no significaba nada. Se lanzó a la caza de frases nuevas, las componía en la calle o en la casa, duchándose, vistiéndose, comiendo, viendo la tele. Escuchó miles de canciones que hablaban de amor y escribió bonitas frases que servían para un montón de gente, pero también para él. Rebuscó entre sus libros de poesía todas las poesías que hablaran del amor y las aprendió de memoria. Así poco a poco consiguió un gran arsenal de fuegos artificiales.
Después haciendo el amor, mientras su verga arremetía contra su vientre, le musitaba "palabras de amor" que alternaba con obscenidades del tipo: "tómala entera" o "te voy a partir en dos" y así … él volvió a hablar mientras hacían el amor.

